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sábado, 7 de noviembre de 2015

La Papisa Juana, la única mujer que gobernó la Iglesia

Cartel película La Pontífice
115 cardenales decidirán a partir de este martes quién es el hombre que toma las riendas de la Iglesia Católica. Será el Papa número 266 en dos milenios de historia, todos ellos varones... o al menos eso parece. Los cónclaves están envueltos en miles de leyendas y anécdotas, pero una de ellas pone en cuestión que todos los líderes de la Iglesia hayan sido hombres.
Según el mito, una mujer disfrazada de varón fue elegida Papa y gobernó entre los años 855 y 857, hasta que comenzó a sufrir las contracciones de un parto en medio de una procesión y dio a luz en público a su hijo, lo que provocó la ira de los fieles.
Juana nació cerca de Maguncia (actual Alemania) y las versiones sobre por qué escondió su feminidad son múltiples, desde el miedo a una posible violación hasta el amor por un joven estudiante que la obligaba a aparentar ser hombre para estudiar cerca de él. La única confluencia que guardan todas las versiones de esta leyenda es que Juana tenía un gran poder de oratoria y que eso le sirvió para labrarse un futuro dentro de la Iglesia. Juana entró en la religión como copista bajo el nombre masculino de Johannes Anglicus. En su nueva situación, Juana pudo viajar con frecuencia de monasterio en monasterio y relacionarse con grandes personajes de la época.
Por entonces, la elección papal dependía de las votaciones de todos los fieles de Roma y su popularidad la alzó al liderazgo de la Iglesia. Juana tuvo entonces la desdicha de convertirse en la amante de un embajador, y quedó embarazada. Disimuló su estado gracias a las enormes túnicas que vestía pero finalmente dio a luz durante una procesión. A partir de ahí las distintas versiones del mito vuelven a contradecirse entre sí. Algunos dicen que fue lapidada por los fieles airados y otros que murió atada a los pies de un caballo que la arrastró por toda la ciudad hasta extramuros.
Desde entonces y, para evitar nuevos casos, se fabricó un asiento papal conocido como «sedia stercoraria» que disponía de un agujero en el centro del mismo. Según numerosos escritos, éste se utilizaba una vez elegido nuevo Papa tras el cónclave y su función era determinar mediante el palpado testicular si el nuevo Pontífice era realmente un varón.
Aunque hay numerosos escritos respecto a la papisa Juana no se precisa a qué Pontificado corresponde, aunque se barajan los de Juan VIII o Benedicto III. La hipótesis principal sobre la génesis de esta leyenda es un intento de desprestigio de la figura Juan VIII por su actitud benevolente con otras iglesias. Esto provocó que fuese tachado de poco varonil y se le adjudicara una «actitud femenina».
A pesar de que la historia niegue la existencia de la papisa Juana, numerosos cuadros representan su leyenda e incluso Liv Ullmandirigió una película sobre la única mujer que pudo algún día liderar la Iglesia Católica.
Fuente. Diario ABC (España)

¿Puede renunciar un Papa?

El Vaticano ya ha confirmado la noticia: «El Papa Benedicto XVI renuncia a su cargo». Pero, ¿Cabe «la renuncia» en una institución como la Iglesia Católica? La respuesta es sí, aunque el último precedente tiene cinco siglos de antigüedad.
El Papa Gregorio XII, representante de la Iglesia desde 1406 hasta 1415, tuvo que abandonar su posición para poner fin al llamado «Cisma de Occidente», que dividió a la jerarquía católica en dos ramas: Clemente VII en Avigñón y Urbano VI en Roma, se excomulgaron mutuamente y el Cisma quedó abierto durante varias generaciones, hasta la renuncia de Gregorio XII.
En principio, el Derecho canónico no establece ninguna oposición siempre y cuando el Pontífice exprese su renuncia de «forma pública y libre».
Así lo ha expresado Benedicto XVI durante la canonización de lo mártires de Otranto: «Siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005», ha expresado el Pontífice achacando la decisión a su «avanzada edad» y a su «falta de fuerza».
Además, subraya el Canon 332,2 que «los dos modos previstos en la legislación para el cambio en la cabeza de la Iglesia son el fallecimiento o su renuncia y que este segundo supuesto tiene una peculiaridad: no se requiere que sea aceptada por nadie, dado que no tiene superior en la tierra».
Los otros casos de renuncia al pontificado han sido los de Benedicto IX, elegido en el 1032 y Celestino V, que se retiró en 1294 al declararse carente de experiencia en el manejo de los asuntos de la Iglesia.
Celestino V abandonó solo 5 meses después de su designación. Fue este Papa quien para cubrirse las espaldas, emitió un Decreto que declaraba que estaba «permitida la renuncia de un Papa». Es este documento el que confirma la figura de la renuncia, negando toda duda al respecto.
El Papa Benedicto XVI será por lo tanto el cuarto Pontífice en renunciar al ministerio papal en la historia de la Iglesia católica.
Todo lo que debe hacer a partir de ahora Benedicto XVI es escribir una «carta de renuncia oficial» al Colegio Cardenalicio, órgano electoral y supremo de la Iglesia Católica.
Benedicto XVI ya explicó en 2010 que un Papa puede dimitir «en un momento de serenidad, no en el momento del peligro». En el mismo documento, ya señalaba que notaba cómo sus fuerzas iban disminuyendo y temía que el trabajo que conllevaba su misión «sea excesivo para un hombre de 83 años».
El 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante. A partir de este momento la cuestión será irreversible: «Una vez hecha la renuncia y manifestada, en el modo que sea, a la Iglesia por el Romano Pontífice queda vacante (la sede pontificia) y no puede volverse atrás», recoge el Canon.
Fuente. Diario ABC (España)

lunes, 19 de octubre de 2015

INOCENCIO III

INOCENCIO III, UN PAPA CLAVE EN LA HISTORIA



Es posible que, más de uno, al leer el título de esta entrada, quizá piense que los temas de la Iglesia no le atraigan demasiado. No obstante, yo os invito a conocer a este personaje, que es uno mis favoritos. Fue, en su época, lo que ahora se llama un auténtico “crack”. Leedlo, os aseguro  que no os defraudará su historia.
            Empecemos por el principio. Nació en 1161, en Anagni, en aquel momento, parte de los Territorios Pontificios. Su nombre real fue Lotario.
            Su padre fue el conde Trasimundo de Segni, miembro de la respetada y nobiliaria familia Conti. Por ello, recibió una educación esmerada, iniciada en Roma y culminando su formación con estudios de Teología en París y Derecho Canónico en la famosa universidad de Bolonia. En fin, todo un lujo en aquella época.
            Se convirtió en  una autoridad académica y fue nombrado cardenal por el Papa Clemente III, que era su tío. Además, nadie puso reparos, porque su familia era benefactora de la Iglesia.
            Tras la muerte del mencionado Papa y de su sucesor, Celestino III, que era de la familia Orsini, enemiga de la suya, fue elegido como nuevo Papa sin haber cumplido los 37 años. Lo cual, incluso, entonces, era muy inusual.
            Parece ser que eligió el nombre de Inocencio por recomendación de un amigo suyo, pues era “un nombre que conjura la desunión”. Los dos Papas que llevaron anteriormente ese nombre fueron muy ejemplares. El más conocido fue Inocencio I, que se enfrentó nada menos que a Alarico, cuando saqueó Roma, y consiguió conservar unida a la Iglesia.
            Gracias a haber llegado tan joven al Papado, tuvo un reinado muy fructífero. Por ejemplo, gracias a sus dotes diplomáticas, supo anexionar muchos territorios al Papado.
            También convocó el IV Concilio de Letrán, en 1215, en el cual se organizaron las bases de la Inquisición Papal, que, hasta entonces, no existía.
            Reinó en unos tiempos muy convulsos, aunque este adjetivo ya se suele dar a todos los tiempos, pero, lo cierto, es que en su época fueron muy complicados y ahora veremos por qué.
            Tuvo que lidiar con los problemas de los burgueses de las ciudades, que se querían ir pareciendo a los nobles y desbancarles del poder político. No olvidemos que él era un noble feudal.
            También tuvo que luchar contra Francia e Inglaterra, las dos potencias europeas del momento, las cuales querían un Papa a la medida de cada uno.
            En Oriente, tenemos nada menos que a Saladino, el cual consiguió derrotar a los mejores estrategas militares occidentales.
            En Occidente, tenemos ya algunos movimientos que, posteriormente, fueron calificados como herejías. La más
importante fue la de los cátaros o albigenses.
            Siempre basó sus intervenciones en la política en que en las Escrituras se da al Vicario de Cristo, como él quería que le llamaran, la plena potestad sobre la Cristiandad y así se metió en todos los “berenjenales”.
            Para empezar, tras la muerte del emperador Enrique VI (el que encerró a Ricardo Corazón de León), afirmó que el nombramiento del nuevo emperador del Sacro Imperio, el cual era elegido por unos cuantos príncipes alemanes, debía ser ratificado por el Papa. Así terminaría con las luchas entre el Papado y el Imperio.
            Por eso, como no le gustó la elección, para emperador, de Felipe de Suabia, promovió a Otón de Brunswick, el cual llegó al trono. Una vez asentado, discutió con nuestro Papa y a éste no se le ocurrió otra cosa que promover como candidato a Felipe, rey de Sicilia. Con la ayuda de Felipe Augusto de Francia (a lo mejor os suena este rey en el caso de los cátaros), pues consiguió que Felipe fuera el nuevo emperador, aunque murió muy pronto.
            Como fue muy habitual en él, se inmiscuyó en el caso de la presunta bigamia del rey Felipe II de Francia, el cual se había casado con una princesa danesa y, sin razón aparente, al poco tiempo, la encerró, dando una explicación muy extraña sobre una consanguinidad incompatible con el matrimonio. Lógicamente, la razón era que quería casarse con otra y eso a nuestro Papa no le hizo gracia y excomulgó a todo el reino.
            Luego, el Pontífice, con su maestría diplomática, logró que Felipe se pusiera de su parte, haciendo que luchara para él contra Otón, como ya he dicho antes, y, después, pidiéndole que se sumara a la Cruzada contra los cátaros.
            En nuestro territorio, por supuesto, también intervino. Como Alfonso VIII de Castilla estaba organizando una Cruzada contra los almohades musulmanes, pues envió al arzobispo de Toledo, para pedirle su colaboración. Gracias al pontífice, se pudieron sumar a esta lucha las tropas de Navarra y Aragón, que habían estado enfrentadas con Castilla poco antes, lógicamente, bajo pena de excomunión si no lo hacían. No pudo llegar a convencer al rey de León por graves discrepancias con el Papado y con Castilla. Así tuvo lugar la famosa batalla de Las Navas de Tolosa, donde las huestes cristianas vencieron al Islam e hicieron bajar la frontera entre los reinos más al sur de Despeñaperros.
            Tampoco se olvidó de otros reinos. En el de León, excomulgó a Alfonso IX, por casarse con Berenguela, que era una pariente muy cercana y tuvieron que separarse, a pesar de tener ya varios hijos. Fue el último rey de León, después, su hijo, Fernando III, unió este reino con Castilla.
            En Portugal, disolvió el matrimonio del heredero, Alfonso, con Urraca, por motivos parecidos.
            En Aragón, recibió el vasallaje de Pedro II y luego le coronó en 1204. Este fue el padre de Jaime I el conquistador.
            También arbitró en otros reinos, como Noruega, Suecia o Polonia, sobre las disputas sobre quién merecía ser el nuevo rey.
            Intentó destruir el Cisma griego y unir así las dos iglesias cristianas en una sola bajo su mando. Lo consiguió durante poco tiempo.
            No hará falta decir que Juan sin Tierra, en Inglaterra, tampoco estuvo fuera del alcance de este Papa. En 1205, a la muerte del arzobispo de Canterbury, el rey optó por un candidato y el Papa por otro, que, encima, era un teólogo muy conocido de la universidad de París. Como nuestro héroe no solía dar su brazo a torcer, pues excomulgó en 1209 al rey. Así, Juan, aguantó hasta 1213, año en que cedió a la voluntad de Inocencio III. Incluso, se reconoció como rey vasallo de la Iglesia, para que sus territorios no fueran invadidos por los franceses.
No olvidemos que una excomunión papal era equivalente a anular una coronación real, así que los monarcas tenían que tener mucho cuidado con esas cosas, porque enseguida podían surgir candidatos al trono entre los nobles del reino. Quizás, por ello, el rey tuvo que firmar la famosa Carta Magna, la cual no fue aceptada por Inocencio III,  al indicar que fue firmada mediante coacción violenta.
            En fin, como ya os dije al principio, este hombre era lo que se llama ahora todo un “crack”. Es como si el Papa actual pusiera de rodillas ante su presencia a los dirigentes de USA y Rusia. Su idea siempre fue que “la amenaza para la Cristiandad no son los musulmanes o infieles, sino la ambición de los príncipes cristianos”.
            Como no se podía estar quieto, esta vez  se fijó en una especie de secta que llevaba tiempo floreciendo en la zona sur de la actual Francia. Hasta esa fecha, la Iglesia nunca había utilizado la violencia para enmendar conductas heréticas. Todo lo más, les había enviado unos misioneros para convencerles y readmitirlos en el seno de la Iglesia.
            En este caso, hicieron lo mismo. Enviaron unos legados, como el futuro santo Domingo de Guzmán, pero no tuvieron mucho éxito. Además, le dijeron al Papa que no podían cumplir sus instrucciones, porque no podían hacer, a la vez, predicar a los herejes y reformar a los clérigos. Pidieron dedicarse exclusivamente a la predicación y fomentar la pobreza entre los clérigos a imitación de los clérigos cátaros.
            No obstante, el Papa, ya había pronunciado algunos anatemas contra esos herejes, equiparándolos a criminales de lesa majestad, o sea, los asesinos de los reyes, por lo que les amenazó con proscribirlos y confiscar todos sus bienes.
            Incluso, llegó a mandar legados pontificios con plenos poderes para, incluso, cesar a los obispos de la zona que no combatieran satisfactoriamente la herejía y poner a otros en su lugar.
            En 1208, la cosa se puso más fea, pues el Papa envió a Pierre de Castelnau y éste fue asesinado. Así que nuestro hombre montó el cólera y se decidió por organizar nada menos que una Cruzada en Europa.
            En esta empresa le apoyaron  el rey de Francia y Simón de Montfort, importante señor feudal de la zona, emparentado con las casas reales de Francia y de Inglaterra.
            En el otro lado estuvieron el conde Ramón VI de Tolosa y el rey Pedro II de Aragón, el cual era el señor de algunos de los territorios donde estaban asentados los cátaros y estaba obligado a defender a sus súbditos.
            En 1213, en la batalla de Muret, murió Pedro II, dejando como sucesor a su hijo, el futuro Jaime I el conquistador. Como, un año antes de la batalla, su padre lo había dejado en prenda a Simón para hacer las paces con él, ahora Inocencio III obligó a Simón a liberar al niño y entregarlo,  para su educación, a los templarios.
            Esta Cruzada le dio la oportunidad al rey de Francia de anexionarse todo el sur del país, que siempre había pertenecido a los condes de Toulouse.
            Como nuestro personaje nunca tenía bastante, aparte de esa cruzada, durante su reinado se dieron dos más. Una fue la llamada Cruzada de los niños, de la cual tenemos pocos datos y otra, la Cuarta Cruzada.
            Esta vez no le salió muy bien, pues Venecia, que era la principal financiera de esa empresa, impuso atacar primero el enclave bizantino de Zara, porque les hacía la competencia comercial y luego llegaron a saquear dos veces la misma Constantinopla. De ahí sacaron muchos tesoros, como los famosos caballos de la catedral de Venecia. Eso hizo que el Papa excomulgara a todos los cruzados por haber luchado contra los cristianos.
            En cuanto a su actividad religiosa, se puede destacar el apoyo dado a la fundación de las órdenes dominica, clarisa y franciscana.
            También puso en marcha el IV Concilio de Letrán, donde se dieron unas instrucciones muy claras sobre los derechos y deberes de los cristianos.
            Además,  comenzó la organización de la Quinta Cruzada, la cual no pudo ver realizada por su repentina muerte.
            Otra de sus obras importantes fue la fundación del Hospital de Santo Espirito en Saxia (Roma), dedicado a los huérfanos, el cual fue un modelo en su época.
            En la primavera de 1216 se trasladó a Pisa y Génova para fomentar las relaciones políticas y comerciales.
            Murió de repente en Perugia, en 1216, con  apenas 55 años. Siempre hubo rumores sobre su muerte. Incluso, se conoce el nombre de su médico personal, cosa poco frecuente en esa época.
            Algún autor de novelas ha escrito que fue envenenado por una antigua amiga suya, pero me parece que es simplemente una licencia literaria, porque no hay ningún documento que confirme eso.
            Fue enterrado en la catedral de Perugia, hasta que, en el siglo XIX, León XIII, uno de sus más fervientes admiradores, ordenó su traslado a Roma

domingo, 21 de abril de 2013

Calixt III

Dossiers - Calixt III - Cap. 568

Calixt III

Dossiers emet este dissabte “Calixt III, el primer papa Borja2”, un reportatge que redescobreix la figura d´Alfons de Borja que, contra tot pronòstic, va ser elegit pontífex el 8 d´abril del 1455. No debades, ell no era el favorit i, per això, van fer falta cinc votacions per a situar este valencià de 76 anys per damunt de qualsevol monarca o senyor. “Calixt III, el primer papa Borja” recorre els llocs i les ciutats que influïren en la seua vida alhora que analitza els passos que va fer cap a la cadira de sant Pere. Una carrera eclesiàstica marcada pels vaticinis del pare Vicent Ferrer, qui va predir que Alfons de Borja arribaria a ser papa per a després convertir-lo a ell en sant. Dossiers repassa els anys del seu pontificat, però també dibuixa la situació sociopolítica d´una època marcada pel Cisma d´Occident. I, per descomptat, analitza la que va ser la seua gran obsessió: les croades. Calixt III estava convençut que la providència l´havia triat per a posar fi a la presència dels turcs en terres cristianes.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Celestino V, el ermitaño que se convirtió en Papa

Hubo un tiempo en el que todo lo que rodeaba a los Papas estaba envuelto en guerras, traiciones, muertes y ambiciones. Una época en la que los papados eran relativamente cortos y difícilmente se podía encontrar a algún pontífice que superase los dos o tres años en el cargo. Como bien es sabido, el de Papa es un cargo vitalicio y que se ha de ostentar hasta el día del fallecimiento del máximo representante de la iglesia católica. Pero en la Historia podemos encontrarnos momentos singulares protagonizados por algunos Papas que no siguieron la estela de sus antecesores, como es el caso de Celestino V que ocupó el trono de San Pedro tan solo durante un periodo de cinco meses y decidió renunciar al cargo para irse a vivir como ermitaño a una cueva. Posteriormente, un cúmulo de traiciones y venganzas hicieron que acabase encerrado en una mazmorra y alrededor de su misteriosa muerte surgiesen infinidad de mitos y leyendas. Pero antes, dejadme que retroceda en los años y me sitúe en el inicio de esta fascinante historia. [Relacionado: El palpado testicular a los Papas y la leyenda de la Papisa Juana] Desde el fallecimiento de Nicolás IV, el 4 de abril de 1292, el puesto de Papa estuvo vacante y sin ser ocupado a lo largo de dos años, hasta el 5 de julio de 1294 en el que el cónclave papal finalmente eligió un sustituto por unanimidad. Tras llegar a un acuerdo, la responsabilidad de ser el nuevo Papa y dirigir a la iglesia católica recayó en Pietro Angeleri, un religioso que no era cardenal sino un monje benedictino que vivía como ermitaño en una cueva. El recién elegido pontífice tomó el nombre de Celestino V y, a pesar de la poca preparación para el cargo que tenía debido a sus años de confinamiento en la cueva, puso toda su voluntad para reconducir todo el desaguisado que se había producido en la institución religiosa durante los últimos años y más teniendo en cuenta los dos largos años que no hubo nadie ocupando ese cargo. Pero tal y como encabezaba este post, ese era un tiempo de envidias, traiciones y oscuros pactos, que hacían de la curia eclesiástica y sus miembros más destacados todo un entramado de acuerdos políticos por posicionarse lo mejor posible. Uno de esos personajes que supo jugar sus cartas y se colocó muy cerca del nuevo Papa fue el cardenal Benedicto Caetani, quien desde un principio intentó asesorar a Celestino V en su nuevo cometido. Pero en lugar de ayudarlo le minaba la moral diciéndole repetidamente lo inepto que era para su cargo y lo poco preparado que estaba para ejercerlo. Celestino V fue viendo como, una tras otra, todas sus propuestas y voluntades de cambiar y mejorar el sistema eclesiástico no daban frutos y eran vetados, por lo que, aconsejado astutamente por Caetani, decidió presentar su renuncia el 13 de diciembre de 1294, tras cinco meses de pontificado, y volver a su antigua vida como ermitaño. El Papa Bonifacio VIII traicionó a Celestino V y mandó encerrarlo (Wikimedia commons)Tras su abdicación, Pietro Angeleri recomendó que su sustituto como Papa fuese el cardenal Benedicto Caetani, quien fue elegido en primera votación en el cónclave papal y nombrado nuevo pontífice el 24 de diciembre de 1294, adoptando el nombre de Bonifacio VIII. Angeleri volvió a su cueva para vivir una nueva vida de recogimiento y espiritualidad. Pero sus planes se vieron truncados cuando el nuevo Papa ordenó su apresamiento y mandó encerrarlo en el Castello di Fumone, en el que permaneció hasta el día de su fallecimiento, el 19 de mayo de 1296.
Mucho se ha especulado sobre la verdadera causa de la muerte del que fuera conocido como el Papa ermitaño. La versión oficial dijo en su momento (y sigue manteniéndolo) que fue fruto de un accidente, cuando Pietro Angeleri estando en su celda se golpeó en la cabeza clavándose en el cráneo un clavo que allí sobresalía. Otras versiones apuntan que su muerte fue provocada por miembros de la Orden de los Celestinos (creada por el propio Angeleri ) quienes lo mataron de ese modo para convertirlo en un mártir y así consagrar la orden y conseguir la canonización de Celestino V. Pero queda una tercera hipótesis sobre cómo murió el Papa ermitaño y es la que indica que fue el propio Bonifacio VIII quien mandó asesinarlo. Sea como fuere el verdadero motivo de la muerte de Pietro Angeleri , esta curiosa y sorprendente historia ha servido para conocer más de cerca cómo era y funcionaba la institución eclesiástica en el siglo XIII y saber quién fue el primer Papa que renunció a su cargo.